VIDA DEL SIGLO XXI


Vivimos con prisa, vivimos sin parar ni un solo momento, pretendiendo ocupar cada minuto de cada uno de nuestros días. Pero nos perdemos lo importante.
La sociedad del siglo XXI se mueve a toda velocidad, se desarrolla a cada segundo, pero no siempre el desarrollo mejora nuestras vidas. Estamos perdiendo costumbres hermosas, estamos perdiendo la capacidad de relajarnos escuchando la naturaleza. Algo tan pequeño como oler el césped, escuchar el piar de los pájaros, observar cómo la lluvia golpea tu ventana nos acerca más a nuestros pensamientos.
Queremos ocupar cada momento para evitar enfrentarnos a nuestra realidad, a nuestras emociones y a nuestro más profundo ser. Sin embargo, no es algo malo. Debemos afrontarlo todo para realmente saber quiénes somos y para saber qué queremos.
El desarrollo no debe suponer la pérdida de las buenas costumbres, no debe suponer la pérdida la conexión con nuestro interior.

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